En el año 1854, la pequeña aldea de Mengollo, situada en el concejo asturiano de Quirós, vive un suceso que la marca para siempre. Todos sus habitantes aparecen muertos dentro de sus propias casas, sin que se observe violencia alguna en los cuerpos. Este hecho real, documentado, genera desde el primer momento una profunda conmoción y abre la puerta a múltiples especulaciones sobre su causa.


La explicación oficial apunta a un envenenamiento

Las autoridades de la época investigan y concluyen que la causa más probable es un envenenamiento masivo. La teoría señala al cornezuelo del centeno, un hongo parásito que puede crecer en este cereal y que, al molerlo para hacer pan, libera toxinas alcaloides. Quienes consumen ese pan contaminado sufren síntomas que pueden incluir convulsiones, gangrena y, en casos extremos, la muerte. Esta intoxicación, conocida históricamente como fuego de San Antonio o ergotismo, explica la ausencia de signos violentos.

La leyenda habla de una maldición inexplicable

Frente a la frialdad de los hechos científicos, la tradición oral construye una narrativa diferente. La leyenda local prefiere hablar de un castigo divino, una maldición o un suceso sobrenatural que borra a la comunidad del mapa de un modo tan repentino como misterioso. Esta versión, que se transmite de generación en generación, convierte a Mengollo en un lugar marcado por el misterio, donde la frontera entre la historia documentada y el relato popular se desdibuja.

Hoy, quien visita el lugar solo encuentra ruinas cubiertas de vegetación, un silencio que parece confirmar que, maldición o hongo, algo terminó para siempre con la vida en aquel rincón de las montañas.