China construye la planta de energía solar más grande del mundo en el desierto de Xinjiang. Este proyecto, que ya genera electricidad, también sirve para estudiar cómo estas instalaciones afectan a los ecosistemas áridos. Los investigadores monitorizan el microclima, el suelo y la vegetación bajo y alrededor de los paneles. El objetivo es entender si las granjas solares pueden ayudar a restaurar tierras degradadas o si, por el contrario, alteran negativamente el frágil equilibrio del desierto.


El proyecto combina energía limpia con investigación ambiental

La planta, ubicada en una zona desértica y montañosa, tiene una capacidad planificada de 5 gigavatios. Ya opera con 1 gigavatio, suficiente para abastecer a un país pequeño. Más allá de producir energía, el sitio funciona como un laboratorio a cielo abierto. Los científicos analizan datos para ver si los paneles reducen la velocidad del viento, aumentan la humedad o cambian la temperatura del suelo, lo que podría permitir que crezcan más plantas.

Los resultados podrían guiar futuros desarrollos de energías renovables

Los hallazgos de este estudio son cruciales para planificar futuras granjas solares en regiones áridas de China y el mundo. Si se demuestra que pueden mejorar las condiciones locales, se podría promover un modelo de doble beneficio: generar electricidad sin carbono y, al mismo tiempo, rehabilitar ecosistemas. Si los efectos son negativos, se podrán diseñar medidas para mitigarlos antes de construir nuevas instalaciones.

Parece que los paneles solares no solo captan luz del sol, sino también la atención de los científicos que quieren saber si el desierto prefiere sombra o sol directo para su siesta.