La grasa corporal no es un simple almacén de energía. La ciencia actual la define como un órgano endocrino activo que produce hormonas y moléculas de señalización. Estas sustancias regulan el apetito, el metabolismo, la inflamación y hasta la función inmunitaria. Su papel va mucho más allá de aislar el cuerpo o amortiguar los órganos.


El tejido adiposo blanco y marrón tienen funciones distintas

Existen dos tipos principales de grasa con roles opuestos. La grasa blanca almacena el exceso de energía en forma de lípidos. La grasa marrón, más abundante en bebés pero presente en adultos, quema energía para generar calor. Este proceso, llamado termogénesis, ayuda a regular la temperatura corporal. La grasa beige es un tercer tipo que puede comportarse como marrón bajo ciertos estímulos.

La ubicación de la grasa determina su impacto en la salud

Donde se acumula la grasa es crucial. El exceso de grasa visceral, que rodea los órganos internos en el abdomen, se vincula con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas. En cambio, la grasa subcutánea, ubicada justo bajo la piel, parece tener efectos más neutros o incluso protectores. La grasa también puede infiltrar otros órganos, como el hígado o los músculos, y alterar su función normal.

Parece que el cuerpo prefiere almacenar energía en lugares inconvenientes justo cuando decidimos ponernos esos pantalones ajustados.