La explosión de la inteligencia artificial y el crecimiento de los centros de datos ejercen una presión sin precedentes sobre las redes eléctricas de Estados Unidos. Este fenómeno altera los mercados mayoristas de energía, donde las empresas tecnológicas compiten por suministros limitados. La situación genera incertidumbre sobre la estabilidad del sistema y el coste futuro de la electricidad para todos los consumidores.


Las subastas de capacidad se convierten en un campo de batalla

Para garantizar el suministro futuro, las regiones organizan subastas donde los generadores de energía se comprometen a tener capacidad disponible a cambio de un pago. Ahora, los pronósticos que calculan la demanda futura, gestionados por PJM Interconnection, incluyen por primera vez el enorme y creciente consumo de los nuevos centros de datos. Esto, unido a la retirada de plantas de carbón y gas, dispara los precios de estas subastas, un coste que finalmente trasladan a las facturas de los usuarios.

La política energética de Trump agrega más incertidumbre

Expertos del sector advierten que las promesas de la campaña de Donald Trump, que incluyen desmantelar políticas de energías renovables y favorecer los combustibles fósiles, podrían profundizar la volatilidad. Un giro regulatorio de esa magnitud desincentivaría las inversiones en infraestructura de transmisión y generación renovable, justo cuando más se necesita planificar para integrar nuevas cargas masivas como la de la IA. El mercado se enfrenta a una tormenta perfecta entre demanda tecnológica y posibles cambios radicales en las reglas del juego.

Mientras los algoritmos aprenden, la red eléctrica parece estar a punto de suspender el examen de estrés. Quizás la próxima gran innovación en IA debería ser un modelo que prediga cuándo se irá la luz.