La robótica bioinspirada avanza al crear robots submarinos que copian cómo se mueven las rayas. Estos ingenios mecánicos usan aletas ondulantes para desplazarse con eficacia, lo que les permite operar en entornos submarinos complejos con un gasto de energía reducido. Su diseño busca superar las limitaciones de las hélices tradicionales, que pueden alterar los ecosistemas frágiles o enredarse en vegetación.


El reto técnico reside en escalar el diseño

Aunque los prototipos a pequeña escala demuestran su viabilidad, fabricar versiones más grandes presenta dificultades considerables. Aumentar la talla exige materiales más resistentes, sistemas de potencia más potentes y mecanismos de control más complejos para mantener la estabilidad y la maniobrabilidad. Este salto en la escala es crucial para que estos robots puedan transportar sensores científicos o realizar tareas de mantenimiento en infraestructuras submarinas.

Las aplicaciones prácticas son diversas

Estos robots blandos y silenciosos pueden inspeccionar arrecifes de coral sin dañarlos, monitorizar tuberías o cables en el fondo marino, y recopilar datos oceanográficos de forma discreta. Su capacidad para acercarse a la vida marina sin perturbarla los hace valiosos para la investigación biológica. El desarrollo continúa para mejorar su autonomía, profundidad de operación y capacidad para interactuar con el entorno.

Claro, porque si algo necesita el fondo del mar es más cosas que parezcan animales pero en realidad sean máquinas que nos espíen. Perfecto para cuando los peces empiecen a sospechar y pregunten qué es ese artefacto que nos sigue.