El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN inicia una larga pausa en sus operaciones. Este periodo, que se extiende hasta el año 2029, no implica inactividad. Los científicos y técnicos aprovechan para ejecutar una ambiciosa actualización conocida como High-Luminosity LHC (HL-LHC). El objetivo principal es aumentar de forma significativa la luminosidad del acelerador, un parámetro que mide el número potencial de colisiones de partículas. Al incrementar este valor, los detectores podrán registrar muchos más eventos de interés, lo que permite estudiar con mayor precisión fenómenos físicos raros y ampliar los límites del conocimiento actual.


Las mejoras técnicas buscan multiplicar los datos

Para lograr este salto, el proyecto HL-LHC requiere instalar componentes nuevos y más potentes. Se van a reemplazar imanes superconductores, sistemas criogénicos y elementos de colimación en puntos clave del anillo de 27 kilómetros. Uno de los cambios más relevantes implica usar imanes de niobio-estaño, un material que puede generar campos magnéticos más intensos. Esto es crucial para enfocar los haces de protones con mayor precisión y comprimirlos en el punto de interacción. La actualización también incluye mejorar la infraestructura de vacío y los sistemas de protección para manejar las condiciones operativas más exigentes.

El programa científico se prepara para una nueva era

Mientras se realizan estos trabajos en el túnel, los cuatro grandes experimentos (ATLAS, CMS, ALICE y LHCb) también se someten a importantes renovaciones. Sus detectores reciben nuevos sistemas de lectura de datos, electrónica más rápida y componentes que soportan una radiación más alta. La comunidad científica espera que, cuando el HL-LHC comience a funcionar, la cantidad de datos acumulados se multiplique por diez respecto a la etapa anterior. Esto abrirá la puerta a medir con extrema fineza las propiedades del bosón de Higgs y a buscar nueva física más allá del Modelo Estándar, como posibles candidatos a materia oscura o dimensiones extras. La pausa, por tanto, es un paso necesario para que la máquina más compleja del mundo pueda explorar territorios inéditos de la realidad.

Mientras el LHC descansa, los físicos teóricos aprovechan para procesar la ingente cantidad de datos ya recolectada, un trabajo que garantiza que no habrá tiempo para aburrirse en los despachos.