China decide detener temporalmente los planes para construir el Colisionador Circular de Electrones y Positrones (CEPC). Este proyecto, que aspiraba a ser el acelerador de partículas más grande del mundo, entra en una fase de espera mientras las autoridades revisan su viabilidad y coste. La noticia, reportada por varios medios, genera incertidumbre sobre el futuro de la investigación en física de altas energías en el país.


Las razones detrás de la pausa

La decisión responde a un proceso de evaluación más exhaustivo. Expertos y comités científicos deben analizar el diseño técnico, el presupuesto estimado y los objetivos científicos a largo plazo. Algunos informes señalan que el coste, que podría superar los cinco mil millones de dólares, es un factor clave en esta reconsideración. El gobierno chino busca asegurar que la inversión tenga un retorno científico claro y sostenible.

Impacto en la comunidad científica global

Esta pausa afecta la hoja de ruta internacional de la física de partículas. El CEPC se presentaba como un sucesor del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, con el potencial de estudiar el bosón de Higgs con una precisión sin precedentes. Su retraso podría reorientar los esfuerzos colaborativos y la planificación de futuras instalaciones de investigación en otras regiones del mundo.

Así que, por ahora, las partículas subatómicas chinas tendrán que conformarse con colisionar a velocidades más modestas, mientras los humanos resuelven el eterno problema de quién paga la factura de la ciencia de vanguardia.