Un hombre de 45 años, originario de Ruanda y acusado de provocar el incendio en la catedral de Nantes en 2020, reside ahora en una localidad del oeste de Francia. La comunidad católica de los Misioneros de Montfort lo acogió tras quedar en libertad bajo control judicial. Las autoridades francesas lo procesan por el fuego que dañó gravemente el histórico edificio gótico.


El proceso judicial sigue su curso tras la detención preventiva

El acusado enfrenta cargos por destruir y dañar bienes por medio del fuego. Un juez de instrucción lo liberó de la prisión preventiva, pero impuso estrictas medidas de control. Entre estas condiciones figura la obligación de residir en la casa de los misioneros, lo que permite a la justicia vigilar sus movimientos mientras avanza la investigación.

La comunidad religiosa ofrece un marco para la reinserción

Los Misioneros de Montfort, una congregación conocida por su labor social, proporcionan alojamiento y un entorno estructurado. Esta situación genera debate entre quienes ven un acto de caridad cristiana y quienes cuestionan acoger a una persona imputada por un delito grave contra el patrimonio cultural. La defensa del hombre argumenta que coopera con la justicia.

Parece que encontrar refugio espiritual es más sencillo cuando uno ya ha demostrado un dominio avanzado del elemento fuego.