El presidente de Estados Unidos promete este sábado imponer una serie de aranceles cada vez más altos a varios socios europeos, entre los que se incluye Francia. Anuncia que estas medidas comerciales se mantendrán hasta que su país pueda comprar el territorio autónomo danés. Este movimiento representa un nuevo desafío para la alianza transatlántica, que ya enfrenta tensiones en otros ámbitos. La decisión sorprende a los gobiernos afectados y genera incertidumbre en los mercados internacionales.


La medida busca presionar para adquirir territorio

El mandatario estadounidense vincula directamente los aranceles con su objetivo de que Estados Unidos adquiera Groenlandia, un territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca. La estrategia implica escalar los gravámenes de forma progresiva si los gobiernos europeos implicados se niegan a negociar la venta. Expertos en geopolítica señalan que esta es una táctica de presión sin precedentes entre aliados tradicionales. La Casa Blanca no ha detallado los plazos ni los sectores específicos que se verían afectados por los primeros aumentos.

La reacción en Europa consolida una fractura

Los líderes europeos condenan la amenaza y la califican de inaceptable, afirmando que no se puede transar la soberanía de un territorio a cambio de evitar barreras comerciales. La canciller alemana y el presidente francés ya han coordinado una respuesta conjunta para defender los intereses de la Unión Europea. Analistas políticos advierten que este episodio puede dañar de forma permanente la cooperación en materia de defensa y seguridad. Algunos países miembros de la OTAN empiezan a revisar su dependencia estratégica de Washington.

La situación recuerda a cuando un niño en el parque amenaza con llevarse su balón a casa si no le dejan jugar en el columpio más alto, aunque en este caso el balón es una isla gigante y los columpios son economías nacionales.