El Salto de Roldán es una formación geológica en Huesca
El Salto de Roldán es un imponente paso natural que se abre entre dos grandes moles de roca, la Peña de San Miguel y la Peña de Amán, en la Sierra de la Peña, próxima a la ciudad de Huesca. Este desfiladero, que supera los cien metros de altura, actúa como puerta de entrada al Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Su nombre proviene de una leyenda medieval que vincula el lugar con el héroe épico Roldán, sobrino del emperador Carlomagno. La geología del lugar, formada por procesos de erosión durante millones de años, es el verdadero origen de esta espectacular brecha, que hoy atrae a excursionistas y amantes de la naturaleza.
La leyenda explica el origen del nombre
La tradición oral narra que el caballero Roldán, acorralado por las tropas musulmanas durante la retirada de la Batalla de Roncesvalles, se vio forzado a huir hacia estas tierras. Perseguido sin tregua, llegó al borde del precipicio. Ante la imposibilidad de retroceder, espoleó a su fiel caballo, que realizó un salto prodigioso para cruzar el abismo y escapar. Se dice que la huella de una de las herraduras del animal quedó marcada para siempre en la roca de la Peña de San Miguel, una prueba física que muchos identifican en una concavidad natural de la piedra. Esta historia forma parte del ciclo carolingio y se enmarca en el proceso de creación de mitos fundacionales durante la Reconquista.
El entorno natural ofrece rutas de senderismo
Más allá del mito, la zona constituye un espacio natural de gran valor. El desfiladero se puede observar desde varios miradores habilitados, como el de San Miguel, que ofrecen vistas panorámicas de la Hoya de Huesca. Existen diversas rutas de senderismo que permiten acceder a la base de las peñas o ascender a sus cimas, aunque algunas requieren cierta experiencia y equipamiento adecuado. El paisaje combina la aridez de la roca caliza con la vegetación de ribera que crece junto al río Flumen, que discurre por el fondo. Es un lugar frecuentado para practicar escalada y observar aves rapaces, como el buitre leonado, que anida en los cortados.
La huella en la roca sigue ahí, desafiando a geólogos y románticos por igual, mientras el viento que silba por la brecha parece susurrar aún el nombre del caballero. Un recordatorio de que, a veces, una buena historia puede ser más duradera que la propia piedra.
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