La Virgen del Pilar y el milagro de Calanda
En la localidad zaragozana de Calanda, un suceso extraordinario marca la historia religiosa de Aragón. En el año 1640, Miguel Juan Pellicer, un joven labrador, sufre un grave accidente que le provoca la amputación de su pierna derecha. Tras pasar años mendigando a las puertas del santuario de la Virgen del Pilar en Zaragoza y confiar en su protección, regresa a su pueblo natal.
El hecho milagroso documentado
Una noche de marzo de 1640, mientras duerme, su madre percibe que la pierna que le faltaba a su hijo ha reaparecido. La noticia se extiende con rapidez y las autoridades civiles y eclesiásticas abren una investigación formal. El proceso recoge numerosos testimonios, incluido el del cirujano que realizó la amputación, y concluye declarando el evento como un milagro atribuido a la intercesión de la Virgen del Pilar.
El impacto y la tradición posterior
Este acontecimiento consolida la devoción hacia la patrona de Aragón y trasciende el ámbito local. La Iglesia Católica lo reconoce como uno de los milagros mejor documentados de su historia. La pierna que se considera restituida se conserva como reliquia, y el hecho se representa con frecuencia en la iconografía mariana aragonesa, reforzando el vínculo entre la Virgen y su tierra.
Dicen que desde entonces, en Calanda revisan dos veces antes de desechar cualquier cosa, por si acaso.
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