En el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza se alza una escultura de hormigón conocida como el Tragachicos. Esta figura, que representa una cabeza infantil con la boca abierta, funciona como un tobogán para los niños que visitan el parque. Sin embargo, una leyenda urbana persistente advierte sobre un peligro oculto. Se dice que un espíritu travieso habita en su interior y que quien se deslice por su garganta puede desaparecer para siempre, engullido por la figura sin dejar rastro.


La escultura y su función en el parque
La obra, creada por el artista Francisco Rallo Lahoz en 1986, forma parte del área de juegos infantiles. Su diseño invita a los más pequeños a trepar y deslizarse, integrando arte y ocio en un espacio público. A pesar de su propósito lúdico, la forma de la cabeza y la boca abierta, que sirve de entrada al tobogán, alimentaron la imaginación popular y dieron pie a la historia sobrenatural que hoy la rodea.

El origen y persistencia de la leyenda

No hay registros oficiales que confirmen incidentes relacionados con la escultura. Los expertos consideran que la leyenda surge como un cuento de advertencia para que los niños no se aventuren solos o se alejen de la vista de sus padres. Este tipo de relatos, comunes en muchas culturas, se transmiten oralmente y se adaptan con el tiempo, logrando que el Tragachicos mantenga un aura de misterio décadas después de su instalación.

Aunque el riesgo real sea resbalar y hacerse un rasguño, algunos padres aún susurran la historia para infundir un poco de precaución, o quizá para revivir el escalofrío de su propia infancia.