La paleometabolómica es una disciplina emergente que analiza las moléculas orgánicas que conservan los restos fósiles. Esta técnica permite estudiar los metabolitos, que son las pequeñas moléculas resultantes de los procesos vitales de un organismo. Al analizar estas firmas químicas, los científicos pueden deducir detalles sobre la dieta, el entorno, el comportamiento e incluso las enfermedades que afectaron a criaturas extintas hace millones de años. Transforma así a los fósiles en verdaderos diarios íntimos de la vida antigua.


La técnica revela historias ocultas en la roca

Los investigadores procesan muestras de fósiles con instrumentación analítica avanzada, como la espectrometría de masas. Identifican y miden los metabolitos que han resistido el paso del tiempo, a menudo atrapados en la matriz mineral. Estos datos químicos complementan la información morfológica que ofrece el estudio de huesos y dientes. Por ejemplo, pueden mostrar si un dinosaurio era herbívoro o carnívoro, o si un animal prehistórico sufría de estrés o infecciones.

Los desafíos de trabajar con moléculas antiguas

El principal obstáculo es la degradación y contaminación de las muestras a lo largo de eras geológicas. Los científicos deben distinguir entre las moléculas originales del organismo y las que provienen del entorno sedimentario o de manipulaciones modernas. Para validar sus hallazgos, realizan comparaciones con tejidos de animales actuales y aplican protocolos de limpieza muy estrictos. Cada descubrimiento requiere un análisis meticuloso para confirmar su autenticidad.

Ahora, un hueso no solo cuenta cómo era un animal, sino también qué desayunaba y cómo se sentía un mal día en el Cretácico. La paleontología química lee entre líneas moleculares.