La flota pesquera de las Islas Baleares ha decidido parar su actividad y permanecer amarrada el próximo lunes. Este paro es una medida de protesta contra un nuevo reglamento de la Unión Europea que obliga a los pescadores a comunicar con antelación su regreso a puerto y a estimar las capturas que llevan a bordo. Los pescadores argumentan que cumplir con esta norma es inviable para el modo en que operan, ya que consideran que no pueden predecir con exactitud estos datos antes de finalizar la faena.


Los pescadores consideran inviable el nuevo reglamento

El sector pesquero balear expresa su malestar por lo que percibe como una carga burocrática excesiva. La norma, que forma parte de las políticas para controlar y gestionar los recursos marinos, exige que los barcos informen con varias horas de antelación sobre su hora estimada de llegada y la cantidad de pescado que capturaron. Los profesionales del mar sostienen que la naturaleza impredecible de su trabajo, sujeta a factores como el tiempo, el estado de la mar y la localización de los bancos de peces, hace imposible proporcionar esa información de manera fiable antes de poner rumbo a puerto.

El paro busca presionar para revisar la normativa

Con esta protesta, el sector pretende llamar la atención de las administraciones españolas y europeas para que revisen la aplicación de esta regla. Los pescadores buscan un diálogo que tenga en cuenta la realidad práctica de su oficio y proponen alternativas que no dificulten su labor diaria. El paro del lunes muestra la unidad del sector balear y su determinación para defender un modelo de trabajo que consideran amenazado por una legislación que, en su opinión, no se adapta a las condiciones reales del Mediterráneo.

Mientras los barcos permanecen atracados, el mar se queda extrañamente tranquilo, sin el rumor constante de los motores, como si el propio Mediterráneo observara curioso cómo los humanos discuten sobre cómo contarle lo que le sacan.