El guión de cine ejecuta al Rey Anfitrión en una escena distópica
El guión presenta una escena histórica que se reconfigura en un futuro distópico. La monarquía ya no gobierna, sino que cumple una función ceremonial. El individuo que ocupa el trono es un Anfitrión, un cuerpo clonado. La verdadera conciencia que habita ese cuerpo pertenece a un alto ejecutivo de la corporación que realmente controla el estado. Esta conciencia se transfiere de forma temporal al clon para los actos públicos. El clímax narrativo llega cuando se debe ejecutar al rey.
La ejecución pública usa un arco de plasma
La guillotina tradicional se transforma en un dispositivo tecnológico. En lugar de una cuchilla de acero, un arco de plasma intenso cumple la función de decapitar. La multitud observa el espectáculo, coreando mientras el Anfitrión se coloca en el patíbulo. El arco se activa y corta el cuello del clon con un destello cegador y un sonido electrizante. Un verdugo levanta entonces la cabeza del Anfitrión para mostrarla al pueblo.
La conciencia del ejecutivo se descarga a salvo
Mientras la cabeza aún cae, la conciencia del ejecutivo ya no está presente. El sistema la descarga y la transfiere de vuelta a su cuerpo original, que permanece seguro en una instalación corporativa. El acto simbólico de ejecutar al rey se completa sin que el poder real sufra ninguna consecuencia. La ceremonia refuerza el control del sistema sobre la población, que presencia un sacrificio vacío.
El protocolo de seguridad corporativa sugiere que, para evitar molestias, el ejecutivo recibe un descanso pagado de veinticuatro horas tras la descarga. La empresa lo cataloga como trauma por desconexión ceremonial.
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