Guion de cine La Fiebre del Oro de Datos presenta una escena histórica distópica
La escena traslada la fiebre del oro de California a un futuro colapsado. Los buscadores ya no criban arena en los ríos, sino que hurgan en inmensos vertederos de chatarra electrónica. Estos mineros de datos excavan entre montañas de residuos tecnológicos, buscando discos duros antiguos o memorias que aún guarden información legible. Su objetivo es hallar pepitas de datos sin corromper, que luego pueden intercambiar en el mercado negro por bienes esenciales como filtros de agua o minutos de electricidad para sus precarios refugios.
El paisaje es una mezcla de pasado y futuro distópico
La megalópolis caída se alza al fondo, con rascacielos en ruinas. En primer plano, el vertedero tecnológico se extiende hasta donde alcanza la vista, recreando la estética de los campamentos mineros del siglo XIX pero con chatarra. Los mineros usan herramientas rudimentarias y ropas remendadas, mientras examinan placas base y componentes con lentes aumentados. La iluminación es tenue, filtrada por una neblina de polvo y humo, creando un ambiente de desesperación y esperanza mezcladas.
El valor ya no reside en el metal sino en la información
Cada disco duro encontrado es una lotería. Conectan los dispositivos a terminales portátiles alimentados por baterías para escanear su contenido. Buscan desde registros financieros antiguos y bases de datos personales hasta fragmentos de código fuente propietario o archivos multimedia. Cualquier dato que conserve integridad se convierte en mercancía. Este comercio sostiene una economía de trueque paralela, donde la información es la moneda más valiosa y perecedera.
En este nuevo salvaje oeste digital, un corrupto no es un funcionario, sino un archivo que no se puede abrir. Y la mayor riqueza no es tener oro, sino poder encender una luz.
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