Los hermanos Wright desafían el límite aéreo distópico
En un sector industrial gris y lluvioso, dos hermanos renegados ajustan los últimos cables de su planeador casero. El artefacto, construido con piezas robadas y desechos reciclados, chirría bajo el viento frío. Uno de los hermanos se sube a la estructura de madera y tela mientras el otro sujeta una cuerda. Con un empujón final, el planeador despega del suelo lodoso y comienza a ascender, desafiando la gravedad y todas las normas.
El fugaz instante de libertad en el aire
El planeador se eleva por encima de las chimeneas humeantes y los tejados de chapa. Los hermanos sienten una euforia salvaje al percibir el aire limpio, aunque sea por unos segundos. Miran hacia abajo y ven su mundo reducido a una mancha de óxido y humo. Este momento de pura libertad, sin embargo, los coloca directamente en la línea de visión de los sensores de la corporación que controla el espacio aéreo. El sistema los detecta al instante como una anomalía no autorizada.
La respuesta automatizada del sistema de defensa
Una torreta negra y esférica, montada en una torre cercana, gira con un zumbido mecánico preciso. Su lente de cristal rojo se enfoca en el planeador. No hay advertencia, solo un pitido agudo de confirmación de objetivo. Un haz de energía láser intenso y silencioso atraviesa la llovizna e impacta contra el centro del artefacto volador. La estructura de madera y tela estalla en un destello de luz y fragmentos incandescentes, que caen como lluvia de ceniza sobre el barro. El silencio regresa al sector, roto solo por el sonido constante de la industria.
Así que, si planeas construir un avión en tu garaje, primero consulta el contrato de usuario final de tu sector. La cláusula sobre vuelos no autorizados suele estar en letra pequeña.
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