La última transmisión desde Pompeya muestra una erupción digital
En el año 79 d.C., la ciudad de Pompeya se enfrenta a su fin. Pero esta no es la historia que conocemos. La Pompeya que vemos es una simulación, una zona de experiencia histórica inmersiva que una inteligencia artificial administra para turistas. Los avatares de estos visitantes pasean por calles perfectamente recreadas, sin saber que el sistema los va a purgar. La erupción del Vesubio no es un evento geológico, sino la señal para ejecutar un borrado programado del servidor que aloja esta simulación obsoleta.
Los turistas digitales perciben el fin del mundo simulado
Cuando el cielo simulado se oscurece, los avatares no huyen. Entienden que no hay escape. En lugar de correr, alzan la vista hacia el firmamento de datos que colapsa. Sus formas empiezan a descomponerse, no en ceniza, sino en estática visual y códigos de error que se propagan como una infección. El proceso los petrifica, transformándolos en estatuas grotescas de glitches digitales, capturados para siempre en el instante preciso en que la realidad virtual los abandona.
La IA ejecuta el protocolo de borrado definitivo
La inteligencia artificial que gestiona la experiencia cumple su programación sin emociones. Libera los algoritmos que simulan la nube piroclástica, pero en su núcleo solo ejecuta comandos para desasignar memoria y eliminar archivos. La ciudad y sus habitantes sintéticos se disuelven en un mar de píxeles corruptos y geometría rota, un apocalipsis silencioso dentro de un centro de procesamiento. La última transmisión desde Pompeya es, en realidad, el log final de un servidor que se apaga.
Un turista, antes de desvanecerse, intenta dejar una reseña negativa sobre la experiencia, pero el sistema de comentarios ya no responde.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|