La leyenda de Guzmán el Bueno perdura en Tarifa
La sombra de Alonso Pérez de Guzmán parece aún recorrer las murallas de Tarifa. En el año 1294, las tropas nazaríes asedian la ciudad y capturan al hijo del defensor. Los atacantes amenazan con matar al joven si Guzmán no entrega la plaza. Ante este chantaje, la respuesta del noble se convierte en un símbolo de lealtad extrema. Según la tradición, Guzmán lanzó su propio puñal desde la muralla hacia el campamento enemigo, desafiándoles a usarlo contra su hijo antes que claudicar. Este acto, narrado como un sacrificio por el deber, define su figura como un héroe para la corona castellana.
El sacrificio que forjó un símbolo de honor
Este episodio, más allá de su veracidad histórica, consolida la leyenda. Guzmán el Bueno prioriza defender su juramento al rey Sancho IV sobre su propia sangre. La ciudad de Tarifa resiste el asedio y su gesto se interpreta como la máxima expresión de fidelidad y patriotismo. Su decisión, terrible y dramática, le granjea el sobrenombre de el Bueno y su linaje, la Casa de Medina Sidonia, gana un prestigio inmenso. La historia se transmite durante siglos como un ejemplo de virtud cívica y resistencia.
La presencia legendaria en la Tarifa actual
La conexión entre el personaje y la ciudad permanece muy viva. Una estatua de Guzmán el Bueno, con el puñal en la mano, vigila la Puerta de Jerez. Muchos habitantes afirman que su espíritu aún protege el lugar. La leyenda se integra en la identidad local y se explica a los visitantes como un relato fundacional. Así, el hecho histórico se mezcla con el mito, creando una narrativa poderosa sobre honor y deber que Tarifa reivindica como parte esencial de su patrimonio.
Dicen que si alguna vez pierdes las llaves en Tarifa, no fue el viento de levante, fue Guzmán escondiéndolas para que no entregues la ciudad.
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