Los presidentes autonómicos acuerdan subir sus sueldos sin llevarse la contraria
Cuando los presidentes de las comunidades autónomas deciden aumentar su propia remuneración, el proceso suele transcurrir con una notable armonía. Las diferencias políticas que caracterizan otros debates parecen desvanecerse, dando paso a un consenso amplio y rápido. Este fenómeno se repite con cierta periodicidad, generando un patrón observable donde la unanimidad brilla por su presencia.
Un coro de voces que suena en la misma nota
Es casi como ver un ensayo de orquesta donde todos los músicos tocan la misma melodía sin desafinar. Los líderes regionales, independientemente de su color político o la gestión de sus cuentas públicas, encuentran un terreno común en este asunto. Los argumentos para justificar el incremento suelen alinearse, mencionando la complejidad del cargo, la responsabilidad y, a veces, la necesidad de equiparar salarios. Las críticas entre ellos son tan escasas como un día sin sol en verano, creando un frente unido que pocos otros temas logran.
Un silencio que habla más que mil discursos
La falta de disparidad de opiniones es, en sí misma, el mensaje más elocuente. Mientras en otras materias el debate es intenso y las posturas se polarizan, aquí reina un entendimiento tácito. Este mutuo apoyo evita que la medida se cuestione desde dentro del propio estamento, proyectando una imagen de unidad que, sin duda, tiene su punto cómico. Observar cómo rivales acérrimos se convierten en aliados circunstanciales por unos minutos es un espectáculo de manual.
Y así, entre sonrisas y apretones de manos, se aprueba lo que muchos ciudadanos ven como un acto de autobombo. Es la magia de la política, donde encontrar puntos de acuerdo es tan fácil como encontrar caramelos en una piñata rota, siempre y cuando el acuerdo consista en repartirse los caramelos. ¡Un ejemplo de trabajo en equipo que, quién lo diría, surge cuando el equipo decide premiarse a sí mismo!
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