Científicos desarrollan una piel artificial para robots que percibe el dolor
Un equipo de científicos diseña un prototipo de piel artificial neuromórfica que permite a los robots percibir sensaciones táctiles, incluyendo una forma de dolor. Esta piel artificial utiliza sensores que generan datos de presión y los codifican en impulsos eléctricos, imitando el modo en que las neuronas biológicas transmiten señales. La información se procesa en una arquitectura que emula parcialmente un sistema nervioso, lo que otorga al robot la capacidad de sentir contacto y presión de una manera más orgánica.
La piel incorpora un umbral de dolor programable
El sistema incluye un umbral de dolor programable. Cuando la presión ejercida o recibida supera un límite predefinido, el robot puede reaccionar reduciendo su fuerza o deteniendo el movimiento. Esta función busca evitar que un robot dañe a objetos frágiles o, lo que es más importante, a personas con las que interactúe. Esta característica es fundamental para mejorar la seguridad en entornos donde humanos y máquinas colaboran estrechamente.
La tecnología busca aplicaciones en asistencia y cuidado
El objetivo principal de esta piel sensorial es facilitar una interacción más segura y natural en aplicaciones de robótica de servicio. Campos como la asistencia a personas mayores o el cuidado de pacientes en hospitales podrían beneficiarse de robots que puedan percibir el contacto y regular su fuerza automáticamente. Por ahora, el prototipo solo reconoce y responde a estímulos de presión, por lo que para detectar otras variables como temperatura o textura se necesitaría integrar sensores adicionales en el futuro.
Quizás pronto un robot pueda quejarse de verdad cuando le pises un cable de alimentación, aunque por ahora su queja será solo un movimiento más suave.
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