El Árbol Garoé y su Sed Eterna
En la bruma perpetua de El Hierro, el Garoé se alza como una silueta retorcida que susurra secretos ancestrales. Sus ramas no se extienden hacia el cielo, sino que se enroscan como dedos esqueléticos atrapando la humedad de la niebla en un abrazo mortal. Los bimbaches se arrastran hacia su sombra, bebiendo el agua que gotea de sus hojas con la desesperación de condenados. Cada gota sabe a sacrificio, cada sorbo lleva el peso de una maldición milenaria que se filtra en sus gargantas. La tierra tiembla bajo sus raíces, como si el propio árbol respirara con una pesadez sobrenatural que congela la sangre.
El Susurro en la Niebla
Cuando la niebla desciende sobre la montaña, el Garoé comienza su ritual macabro. Las gotas que caen de sus hojas no son agua bendita, sino lágrimas de la tierra misma. Los ancianos cuentan que el árbol no da vida, sino que la sustrae lentamente de quienes se atreven a beber de su esencia. Las sombras se mueven entre sus troncos, formas humanoides que se desvanecen en la penumbra. Hay quienes juran haber visto rostros pálidos reflejados en los charcos que se forman bajo su copa, espectros de aquellos que dependieron demasiado de su don envenenado.
La Tormenta del Juicio Final
La noche que el Garoé cayó, el infierno se desató sobre la isla. No fue una tormenta común, sino una furia divina que destrozó ramas centenarias y desgarró la tierra. Los relámpagos no iluminaban, sino que cegaban con una luz sobrenatural, mientras los truenos retumbaban con voces que no eran de este mundo. Cuando amaneció, el árbol yacía destrozado, pero su sombra seguía allí, más larga y oscura que nunca. Ahora, en las noches de luna llena, se escuchan susurros provenientes del lugar donde alguna vez estuvo, prometiendo agua eterna a cambio de almas eternas.
Quizá deberíamos estar agradecidos de que el Garoé haya caído, porque ahora solo tenemos sed física, no el hambre espiritual que ese demonio vegetal implantaba en sus devotos. Al menos nuestros huesos se secan bajo el sol, no se pudren en su sombra húmeda.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|