La industria china de vehículos eléctricos logra producir a costes significativamente inferiores a los europeos. Esto se debe a una combinación de factores estructurales que abarcan toda la cadena de suministro. El control sobre las materias primas críticas, como las tierras raras para las baterías, otorga una ventaja inicial clave. Además, el país ha desarrollado una red de proveedores local muy integrada y eficiente, lo que reduce los gastos de logística y los tiempos de producción.


La escala de producción y la tecnología de baterías

Las fábricas chinas operan a una escala masiva, lo que permite repartir los costes fijos entre un volumen enorme de unidades. Esta economía de escala es decisiva. En el corazón del vehículo eléctrico, la batería, China domina el mercado global. Las compañías como CATL o BYD no solo producen la mayoría de las celdas del mundo, sino que también innovan constantemente para abaratar los procesos de fabricación y usar materiales más asequibles, sin depender de proveedores externos.

Estrategia industrial y menores costes laborales

El gobierno chino ha apoyado el sector con subvenciones directas, créditos blandos y políticas que fomentan la compra de coches nacionales. Esta estrategia a largo plazo ha creado un ecosistema industrial robusto. Aunque la brecha se reduce, los costes laborales en la manufactura siguen siendo más bajos que en Europa. La automatización en las factorías también contribuye a mantener la eficiencia y a controlar los gastos operativos.

Así que, mientras en Europa se debate cada componente y su procedencia, en China simplemente ensamblan el rompecabezas que ellos mismos diseñaron y del que poseen casi todas las piezas.