¿Alguna vez te has preguntado cómo los científicos desarman la materia para ver de qué está hecha? Imagina un colisionador de partículas como un microscopio gigante, pero en lugar de luz, usa choques a velocidades increíbles. Tras 25 años de servicio, el RHIC (Relativistic Heavy Ion Collider) en Estados Unidos se jubila, dejando un legado de descubrimientos y el camino listo para su sucesor.


El colisionador que recreó el universo bebé

El RHIC no chocaba protones como el famoso LHC de Suiza, sino iones pesados, como núcleos de oro. ¿El objetivo? Recrear por fracciones de segundo el plasma de quarks y gluones, un estado de la materia que existió justo después del Big Bang. Piensa en ello como la sopa primordial de la que surgió todo. Estos experimentos nos ayudaron a entender cómo las partículas más básicas ganan su masa.

Algo curioso que probablemente no sabías

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que este plasma primordial se comporta no como un gas, sino como un líquido perfecto, con una viscosidad casi cero. Es el líquido más perfecto que conocemos en la naturaleza. El RHIC también fue el primer colisionador en hacer chocar protones con spines polarizados, una técnica crucial para estudiar el spin de los protones, una propiedad como un pequeño imán interno.

Ahora, el relevo lo tomará el Electron-Ion Collider (EIC), que será como cambiar una cámara de fotos por un escáner de alta resolución. En lugar de romper todo, tomará imágenes en 3D del interior de protones y neutrones. Es el final de una era gloriosa de demolición atómica y el inicio de una de exploración y cartografía ultra precisa del corazón de la materia.