Vamos a explorar juntos una paradoja de nuestro tiempo. Hoy, perseguimos el éxito profesional con más ahínco que nunca, pero esa misma carrera parece dejarnos más agotados y ansiosos. ¿No es curioso? La palabra éxito está en plena crisis de significado.


La trampa de la productividad tóxica

Imagina que tu bienestar es una batería. Antes, el éxito era llegar a fin de mes. Ahora, la meta es ser visible, hiperproductivo y siempre encendido, como si vivieras en una red social las 24 horas. Eso drena la batería mental a un ritmo insostenible. No es solo estrés; es un agotamiento profundo que nace de confundir el valor personal con los logros laborales.

Algo curioso que probablemente no sabías

Hay un término psicológico para esto: el síndrome del impostor del exitoso. Muchas personas que alcanzan metas elevadas no disfrutan del triunfo. En su lugar, sienten una ansiedad constante por mantener ese nivel, un miedo a ser descubiertos como un fraude. El éxito, en vez de liberar, se convierte en una nueva jaula de expectativas.

Quizás el verdadero logro no sea escalar más alto, sino aprender a construir una casa en la cima donde puedas respirar tranquilo. A veces, desenchufarse es la habilidad más productiva que podemos cultivar.