¿Qué pasa cuando las elecciones no dan un ganador claro?
Imagina que organizas una cena y ninguno de tus amigos trae suficiente comida para todos. Pues algo así ha pasado en Aragón tras las elecciones. El partido más votado, el PP de Jorge Azcón, se ha quedado a 4 invitados (o escaños) de poder gobernar solo. Ahora necesita el plato de otro, Vox, para llenar la mesa. Y la candidata socialista, Pilar Alegría, ya avisa: este menú a medias puede traer incertidumbre e inestabilidad.
El arte de sumar (o no llegar) a 34
En política autonómica, hay un número mágico: la mayoría absoluta. En el caso de Aragón, son 34 escaños de los 67 totales. Es como necesitar 34 votos para cambiar las normas de comunidad. Azcón tiene 26, un montón, pero insuficiente. Sin ese 34, debe pactar. Y aquí es donde el juego se complica, porque depender de otro puede significar ceder en tus propias ideas. Alegría habla de fracaso precisamente por esa falta de autonomía para gobernar.
El efecto dominó de un pacto incierto
Lo curioso es que esto no es solo un problema de los políticos. Esa inestabilidad de la que advierte Alegría puede traducirse en decisiones más lentas para la comunidad. Piensa en cuando dos amigos no se ponen de acuerdo sobre qué película ver: al final, o no ven nada o la elección es forzada. En política, los pactos difíciles pueden ralentizar inversiones o leyes importantes para la gente.
Así que, mientras los líderes negocian, Aragón espera. Un recordatorio de que en democracia, a veces ganar no es suficiente; hay que saber construir acuerdos.
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