Rachel Carson orquestaría hoy una campaña de guerrilla mediática
Si Rachel Carson viviera hoy, su estrategia para defender el medio ambiente evolucionaría más allá de escribir un libro. Como científica y comunicadora, comprendería el poder de las nuevas tecnologías para exponer problemas y generar conciencia de forma inmediata y visual. Su enfoque se adaptaría a la era digital, buscando formas innovadoras de interrumpir la narrativa de quienes contaminan y de llegar directamente a la opinión pública.
Usaría drones y hackers para proyectar imágenes
Carson probablemente emplearía drones equipados con proyectores para mostrar imágenes impactantes de la contaminación por plásticos en los edificios de las grandes corporaciones durante sus eventos clave, como juntas de accionistas. Esta acción buscaría avergonzar públicamente a los responsables y convertir sus sedes en pantallas que muestren las consecuencias de sus actos. Paralelamente, colaboraría con hackers éticos para filtrar informes internos sobre el impacto ambiental que las empresas intentan ocultar.
Su objetivo sería movilizar a la opinión pública
El fin último de estas tácticas no sería solo la denuncia, sino catalizar un cambio real. Al combinar el impacto visual de las proyecciones con la transparencia radical de las filtraciones, Carson buscaría informar y movilizar a la ciudadanía para que exija responsabilidades. Su campaña usaría la espectacularidad para captar la atención de los medios y luego canalizar esa atención hacia datos verificables y demandas concretas de políticas más estrictas.
Quizás hoy tendría un canal con más suscriptores que muchos influencers, donde desglosaría informes de sostenibilidad con la claridad con la que una vez explicó la cadena trófica, demostrando que los datos pueden ser más virales que un unboxing.
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