La plata supera máximos históricos al combinar demanda industrial y refugio económico
La plata, que muchos llaman el oro del pobre, alcanza precios sin precedentes en 2025 y 2026. Este metal ya no actúa solo como un activo refugio cuando la economía se vuelve incierta o el dólar se debilita. Su valor ahora crece porque la industria lo necesita de forma urgente para fabricar paneles solares, vehículos eléctricos, componentes electrónicos y equipos para centros de datos. Sus propiedades para conducir electricidad y calor son difíciles de igualar, lo que lo hace insustituible en estas tecnologías modernas. Esta demanda choca con una oferta que no logra aumentar al mismo ritmo.
La oferta minera no satisface el consumo actual
Extraer plata se ha vuelto más complejo. Muchas minas, especialmente en América Latina, son antiguas y su rendimiento baja cada año. Esto limita la cantidad de metal nuevo que llega al mercado. Al mismo tiempo, los bancos centrales, como la Reserva Federal, pueden bajar los tipos de interés. Esta expectativa hace que invertir en metales preciosos resulte más atractivo que tener dinero en efectivo o bonos, lo que presiona aún más los precios al alza.
Un metal que redefine su papel en la economía global
El resultado es una presión alcista constante. La plata deja de ser solo una alternativa económica al oro. Se consolida como un recurso estratégico, indispensable para la transición energética y la innovación digital. Su precio refleja esta dualidad: protege el valor del capital en tiempos volátiles y es un componente crítico sin el cual no se pueden producir tecnologías clave. Este nuevo perfil aleja definitivamente la etiqueta de metal secundario.
Algunos inversores que la menospreciaban ahora la miran con otros ojos, mientras los fabricantes buscan desesperadamente cualquier onza disponible.
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