La historia se repite para los que compran la vivienda en máximos
El mercado inmobiliario actual presenta paralelismos con el periodo previo a 2008. Muchas personas deciden comprar una vivienda ahora, impulsadas por el temor a quedarse fuera del mercado si los precios siguen subiendo. Esto puede hacer que adquieran propiedades cuando su valor está en niveles muy altos. Si el ciclo económico cambia y los precios bajan, estos nuevos propietarios podrían enfrentarse a una situación complicada. Su deuda hipotecaria seguiría siendo la misma, pero el valor real de su casa habría disminuido.
El riesgo de quedar atrapado en una hipoteca subacuática
Cuando el valor de la vivienda cae por debajo del dinero que se debe al banco, se genera una hipoteca subacuática. Esto limita mucho la movilidad del propietario. Vender la casa supondría asumir una pérdida importante, ya que el precio de venta no cubriría el crédito pendiente. Mantener la propiedad implica pagar durante años por un activo que vale menos que la deuda contraída. Esta dinámica puede lastrar las finanzas personales durante un largo periodo, tal como ocurrió tras el estallido de la burbuja anterior.
Quién se beneficia de este ciclo de euforia y corrección
Mientras algunos compradores pueden sufrir las consecuencias de una posible corrección, otros actores del mercado suelen estar en una posición diferente. Quienes promueven la urgencia por comprar, ya sean agentes, promotores o ciertos medios, pueden obtener beneficios durante la fase de precios altos. La narrativa del fomo (miedo a perderse algo) puede inflar artificialmente la demanda y los precios. Si el mercado se enfría, estos agentes ya habrán realizado sus ventas, dejando a los compradores tardíos asumiendo el riesgo.
Comprar una casa porque te dicen que el tren se va, para luego descubrir que el tren era un montaña rusa que solo va cuesta abajo, tiene su punto. Al menos te ahorras la cola en el parque de atracciones.
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