En el paseo marítimo de Fort Myers, Florida, el esqueleto de hormigón del Satinleaf se alza como un recordatorio silencioso de la crisis financiera de 2008. Este proyecto de condominios de lujo de dieciocho pisos detuvo su construcción cuando su promotor se declaró en quiebra, dejando la estructura a medio hacer. Durante más de una década, la torre vacía ha dominado el horizonte, ganándose el apodo local de edificio zombi por su estado de abandono perpetuo. Su presencia inerte contrasta con el desarrollo activo de la zona, generando debates sobre su futuro y el impacto visual que causa.


Un proyecto que nació en el auge inmobiliario

La promotora comenzó a construir el Satinleaf durante el máximo de la burbuja inmobiliaria, con planes para albergar unidades residenciales de alto nivel. El diseño prometía vistas panorámicas al río Caloosahatchee y comodidades exclusivas. Sin embargo, el colapso económico global alcanzó al proyecto justo cuando la estructura principal ya estaba erigida. Los trabajos cesaron de forma abrupta, dejando atrás grúas oxidadas y andamios que luego retiraron, pero el núcleo de hormigón armado se mantuvo en pie. Desde entonces, el edificio ha resistido huracanes y la intemperie sin sufrir daños estructurales graves.

El futuro incierto de la estructura abandonada

Distintos grupos han intentado reactivar el proyecto o demolerlo, pero pleitos legales, costes elevados y problemas de permisos han frustrado cualquier solución. La ciudad evalúa opciones, ya que la estructura ocupa un terreno valioso. Mientras, algunos ciudadanos proponen integrar la base en un nuevo desarrollo, aunque otros piden demolerla para recuperar la vista. El esqueleto continúa siendo un símbolo de una época y un desafío logístico para la comunidad, que espera resolver su destino pronto.

Los vecinos bromean diciendo que es el condominio más exclusivo, pues nunca molestan los ruidos de los vecinos y siempre hay plazas de aparcamiento disponibles en la planta baja.