El gas natural se posiciona como un recurso energético clave para facilitar la transición hacia una economía con cero emisiones netas para el año 2050. Expertos en energía destacan su papel como puente esencial, ya que permite reducir las emisiones de carbono de forma inmediata mientras se desarrollan y escalan las tecnologías renovables. Su flexibilidad para generar electricidad y su menor intensidad de carbono comparado con otros combustibles fósiles lo convierten en un aliado temporal en la descarbonización.


La transición requiere infraestructura y tecnología avanzada

Para que este papel de transición sea efectivo, es crucial invertir en infraestructura moderna, como plantas de ciclo combinado más eficientes, y desarrollar tecnologías para capturar y almacenar el carbono emitido. La industria también debe abordar y minimizar las fugas de metano, un potente gas de efecto invernadero, en toda la cadena de suministro. Integrar el gas con hidrógeno verde o biometano en el futuro puede extender su utilidad en un sistema energético limpio.

Los desafíos para lograr un futuro sostenible

El camino hacia el cero neto no depende de una sola solución. Aunque el gas natural ofrece una alternativa más limpia a corto plazo, su uso debe disminuir progresivamente a medida que las energías solar, eólica y otras renovables aumentan su capacidad y almacenamiento. La hoja de ruta global exige políticas claras, inversiones masivas en innovación y una colaboración internacional sólida para no superar el límite de calentamiento global establecido en los acuerdos climáticos.

Mientras algunos debaten el puente, otros ya están nadando en el río de la transición, esperando que el puente no se termine de construir cuando ya hayan llegado a la otra orilla a nado.