China pisa el acelerador para aumentar su producción petrolera
Las recientes acciones de Donald Trump contra dos proveedores clave de China han puesto de relieve la vulnerabilidad energética del país. La producción interna de petróleo se ha estancado en los últimos años, mientras la demanda sigue creciendo. Esto obliga a China a depender cada vez más de las importaciones para cubrir sus necesidades. El equilibrio es frágil y cualquier interrupción en el suministro externo puede tener consecuencias significativas.
Los campos petrolíferos envejecen y la producción se estanca
Los principales yacimientos del país, como Daqing y Shengli, han operado durante décadas y ahora enfrentan un decline natural. Extraer petróleo se vuelve más difícil y costoso a medida que estos campos envejecen. Las reservas que quedan son de menor calidad o se encuentran en formaciones geológicas complejas. Invertir en tecnología para extraer el crudo remanente requiere grandes capitales y no garantiza un aumento sustancial en el volumen total.
La capacidad para crecer depende de nuevas fronteras
El potencial real para incrementar la producción reside en áreas nuevas, como los yacimientos en aguas profundas del Mar de China Meridional o los depósitos de esquisto bituminoso en tierra. Sin embargo, desarrollar estos recursos implica desafíos técnicos considerables, altos costos y, en algunos casos, disputas territoriales. El progreso es lento y es improbable que compense a corto plazo la caída de los campos tradicionales. La estrategia inmediata sigue siendo diversificar las fuentes de importación y acumular reservas estratégicas.
Mientras tanto, la industria local se aferra a viejos gigantes que producen más agua que petróleo, una ironía para un país que busca seguridad energética en un mundo inestable.
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