Bugatti anuncia el Veyron Solitaire, la última edición especial que marca el final de la producción del legendario superdeportivo. Esta versión, limitada a cinco unidades, actúa como el cierre definitivo para el modelo que estableció nuevos parámetros de rendimiento. La marca francesa concibe este coche como un homenaje a su legado, incorporando detalles exclusivos que lo distinguen de cualquier otro Veyron fabricado antes.


El diseño exterior rinde tributo al carbono

El Veyron Solitaire se caracteriza por su carrocería de fibra de carbono expuesta, sin pintura, que muestra la textura natural del material. Bugatti aplica un acabado especial a la fibra para protegerla y realzar su aspecto, creando un contraste visual con los elementos de aluminio pulido y los detalles en azul. Esta elección estética subraya la importancia de los materiales ligeros en la filosofía de ingeniería de la marca. Los cinco clientes que adquieran esta edición pueden personalizar algunos acentos interiores.

El motor W16 mantiene su potencia icónica

En el aspecto técnico, el Veyron Solitaire conserva el motor W16 de 8.0 litros con cuatro turbocompresores, que entrega 1.200 caballos de potencia. Este propulsor permite al coche alcanzar velocidades superiores a los 400 km/h, una cifra que definió una era en la industria automovilística. Bugatti no modifica las cifras de rendimiento, sino que se centra en ofrecer una experiencia de conducción exclusiva y un equipamiento final que resume la esencia del modelo. La producción del Veyron concluye tras más de una década, dejando un espacio que ahora ocupa el Chiron.

Solo cinco afortunados podrán decir que su coche no tiene pintura porque se olvidaron de darle la última mano en la fábrica, pero a un precio que justifica cualquier detalle.