Dar a los astronautas la resistencia de los tardígrados es complejo
Un estudio reciente revela que transferir la extraordinaria capacidad de los tardígrados para sobrevivir en el vacío del espacio a los humanos presenta obstáculos científicos más grandes de lo que se pensaba. Los investigadores analizan las proteínas únicas que protegen a estos microanimales, pero integrar estos mecanismos en células humanas sin efectos secundarios nocivos es un reto formidable. La idea de usar ingeniería genética para dotar a los astronautas de una tolerancia extrema a la radiación y la deshidratación parece más lejana.
Las proteínas Dsup son clave pero no suficientes
Los científicos se centran en unas proteínas llamadas Dsup, que los tardígrados producen para proteger su ADN de daños por radiación. Experimentos en laboratorio muestran que estas proteínas pueden otorgar cierta resistencia a células humanas cultivadas. Sin embargo, este efecto es limitado y no replica la supervivencia completa del organismo en condiciones espaciales reales. El tardígrado emplea una combinación de estrategias, como desecarse entrando en un estado de animación suspendida, que las proteínas Dsup por sí solas no pueden imitar en un sistema biológico complejo como el humano.
Los riesgos de modificar el genoma humano son altos
Modificar genéticamente a los astronautas para que expresen genes de tardígrado conlleva riesgos impredecibles. Alterar el genoma humano puede desencadenar respuestas inmunitarias no deseadas o interferir con funciones celulares vitales a largo plazo. La comunidad científica debate los aspectos éticos de esta modificación permanente, especialmente para misiones que no son estrictamente necesarias para la supervivencia de la especie. Por ahora, desarrollar mejores escudos físicos en las naves y trajes espaciales parece un camino más viable y seguro para proteger a las tripulaciones.
Parece que, por el momento, los humanos que quieran ser tan duros como un oso de agua tendrán que conformarse con admirarlos desde lejos, o quizás con llevar un peluche a bordo para la buena suerte.
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