El Viejo de los Bosques habita en el Parque Nacional de Ordesa
En el corazón del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, una leyenda persiste entre los árboles antiguos y los senderos de montaña. Los montañeros y habitantes de la zona hablan de una presencia que cuida los bosques profundos, un ser al que llaman el Viejo de los Bosques. Se describe como un anciano cuya larga barba parece hecha de musgo y líquenes, fundiéndose con el entorno hasta volverse casi invisible. No se trata de un personaje histórico, sino de un relato popular que forma parte del folclore de los Pirineos aragoneses, transmitido oralmente para explicar los misterios del paisaje.
La leyenda describe un guardián del bosque
La narración popular señala que este anciano actúa como un guardián. Protege los secretos que el bosque esconde y vela por el equilibrio natural del valle. Su comportamiento hacia las personas varía según las versiones del relato. Algunos cuentan que ayuda a los excursionistas que se pierden, apareciendo de repente entre la niebla para señalarles el camino correcto antes de desvanecerse entre la vegetación. Otras versiones, sin embargo, sugieren que puede confundir a quienes no respetan el entorno, desorientándolos aún más como una forma de proteger el territorio.
El mito refleja la relación entre el hombre y la naturaleza
Esta figura mitológica encarna el respeto ancestral que las culturas de montaña profesan hacia su entorno. Representa la idea de que la naturaleza salvaje posee una inteligencia propia y merece veneración. La leyenda sirve también como una advertencia implícita para quienes se adentran en la montaña, recordándoles que son visitantes en un dominio más antiguo y poderoso. Así, el mito trasciende el mero relato fantástico para convertirse en un mecanismo cultural que fomenta el cuidado del parque nacional.
Más de un montañero, tras una larga jornada y con la luz menguante, ha jurado ver una silueta entre los pinos negros. Suele ocurrir cuando la niebla baja del Monte Perdido y la mente, cansada, empieza a jugar con las sombras. Quizás por eso, muchos revisan el mapa una vez más y eligen el sendero más claro, por si acaso el Viejo decide que hoy no es día para perderse.
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