En un cruce de caminos cerca de Huéscar, en la provincia de Granada, se erige una cruz de piedra conocida como la Cruz del Diablo. Esta estructura marca el lugar donde, según la leyenda local, un hombre desesperado pactó con el diablo. La tradición oral cuenta que el hombre ofreció su alma a cambio de riquezas o favores, sellando así un acuerdo que quedaría para siempre señalado en ese paraje solitario.


La leyenda pervive en las noches de tormenta

La narración advierte que durante las noches de tormenta, el demonio regresa al cruce para reclamar lo pactado. Quienes transitan por la zona relatan sensaciones de inquietud y presencias extrañas cuando el clima se agita. La cruz, más que un símbolo religioso, funciona como una advertencia moral sobre los peligros de ceder a la tentación y los pactos que no se deben realizar.

El lugar mezcla historia y folclore popular

Aunque la cruz es un elemento físico real, su historia se funde con el folclore de la comarca de Huéscar. Estas leyendas, transmitidas de generación en generación, sirven para explicar lo desconocido y moralizar sobre las consecuencias de los actos. El sitio atrae a curiosos y forma parte del patrimonio inmaterial de la zona, donde la frontera entre la historia verificable y el mito a menudo se desdibuja.

Dicen que el diablo es un pésimo cobrador, pues sigue apareciendo siglo tras siglo para reclamar una deuda que, al parecer, nunca termina de saldarse.