El estudio de efectos visuales NOID reinventa París para la película Chien 51. Su trabajo construye una visión creíble de la ciudad en un futuro cercano. Para lograrlo, mezcla distritos acomodados con zonas más deterioradas. Este contraste social se plasma directamente en el paisaje urbano que se ve en pantalla. El equipo no solo amplía la ciudad, sino que la transforma. Integra elementos arquitectónicos nuevos y modifica los existentes. El objetivo es que el espectador perciba una evolución orgánica, no una ruptura total con el París actual.
La acción urbana se potencia con gráficos en movimiento
Los efectos visuales también impulsan la narrativa de acción. Los gráficos en movimiento y las superposiciones digitales son clave. Estos elementos dinámicos informan al personaje y al público sobre el entorno. Muestran datos de vigilancia, mapas en tiempo real o rutas de escape. Esta capa digital sobre la imagen real genera un ritmo visual ágil. Refleja cómo la tecnología satura ese futuro próximo. La acción no solo ocurre en la calle, sino que se ve mediada y aumentada por pantallas y proyecciones. Esto crea una atmósfera de constante flujo de información.
El proceso técnico equilibra escala y detalle
Crear una ciudad a gran escala exige un método eficiente. El equipo de NOID usa múltiples técnicas. Desarrolla entornos digitales extensos para las vistas generales. Para las secuencias con actores, recurre a extensiones de sets prácticos o reemplazos completos. El desafío reside en mantener la coherencia visual entre todos estos elementos. La iluminación y la integración de los efectos con el metraje filmado son cruciales. Cada toma busca que el espectador no distinga dónde termina el set real y dónde empieza el París generado por ordenador.
El verdadero logro quizás sea que, tras ver la película, uno salga del cine mirando su propia ciudad con otros ojos, preguntándose cuánto falta para que un dron de reparto se estrelle contra su balcón.
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