La Unión Europea e Islandia estudian un nuevo modelo fiscal para los vehículos que se aleja de los impuestos tradicionales. La propuesta central consiste en gravar el uso real del automóvil, implementando un pago por cada kilómetro recorrido. Este sistema busca reemplazar o complementar las tasas actuales vinculadas a la propiedad o a la compra de combustibles.


El objetivo es ajustar la fiscalidad al uso real

La iniciativa responde a la necesidad de adaptar la recaudación a la nueva movilidad. Con la llegada masiva de coches eléctricos, que no pagan impuestos sobre hidrocarburos, los gobiernos ven reducir sus ingresos. Un impuesto por kilómetro permitiría mantener la financiación para infraestructuras viarias, sin depender del tipo de motorización. El sistema se plantea como más justo, ya que paga más quien más utiliza las carreteras.

La tecnología para aplicar el peaje es clave

Para ejecutar este modelo, se requiere un mecanismo fiable que registre los kilómetros. Se barajan opciones como dispositivos GPS en los vehículos o un sistema que lea la distancia recorrida durante las revisiones técnicas obligatorias. Este punto genera debate por las implicaciones en la privacidad de los conductores y los costes de implementar la tecnología necesaria a gran escala.

Así que, prepárate para que tu coche se convierta en un taxímetro rodante, donde cada viaje a la esquina tenga un coste fiscal calculado al milímetro. Una forma segura de que pienses dos veces antes de dar una vuelta por el puro placer de conducir.