Emily Carroll publica Through the Woods, una colección de cinco historias gráficas de terror. La obra se inspira en el folclore y los cuentos de hadas para explorar miedos primarios. El tono es sutil e inquietante, alejándose de los sustos evidentes para construir una atmósfera de desasosiego. Cada relato funciona de forma independiente, pero todos comparten una estética visual distintiva y una narrativa que prioriza la sensación de amenaza latente.
El estilo artístico genera tensión visual
Carroll combina un trazo elegante, propio de un libro de cuentos ilustrado, con composiciones perturbadoras. Su uso del color es fundamental para manejar las emociones del lector. Emplea paletas limitadas y contrastes bruscos, donde el rojo sangre o el negro profundo destacan sobre fondos neutros. Las páginas a menudo rompen con la estructura de viñetas tradicional, usando la disposición de los elementos gráficos para guiar la mirada y acentuar los momentos clave. La narrativa visual es tan importante como el texto, y en ocasiones lo supera.
Los relatos exploran el horror cotidiano
Las historias tratan temas como la pérdida, la soledad, la culpa y los secretos familiares, siempre con un giro sobrenatural. Los personajes, a menudo jóvenes o mujeres, se enfrentan a presencias que personifican estos miedos íntimos. El bosque actúa como un espacio liminal y recurrente, un lugar donde las reglas normales no aplican y lo familiar se torna hostil. El terror no siempre proviene de un monstruo definido, sino de lo que se intuye o de lo que permanece oculto a la vista.
El verdadero terror quizás no esté en el bosque, sino en darte cuenta de que llevas viviendo en él desde siempre.
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