El agujero de la vergüenza precede a las Setas de Sevilla
En el corazón de Sevilla, donde hoy se alza el Metropol Parasol, existió durante años un enorme foso vacío. Este espacio abandonado nació de un proyecto que pretendía construir un mercado subterráneo y un aparcamiento. Las obras comenzaron en 1990 pero pronto se paralizaron por problemas técnicos y financieros, dejando un cráter a cielo abierto en pleno centro histórico.
Un proyecto que fracasa y deja una herida urbana
El solar permaneció en ese estado de abandono durante casi dos décadas. Los sevillanos bautizaron el lugar como el agujero de la vergüenza, un nombre que reflejaba la frustración ciudadana. Este hueco se convirtió en un símbolo de la mala planificación y en un recordatorio constante de una obra pública que no se pudo terminar, generando un gran debate sobre el futuro de la zona.
La sombra del pasado impulsa un nuevo icono
La persistencia de este vacío urbano forzó al ayuntamiento a buscar una solución definitiva. Se convocó un concurso internacional de ideas para regenerar la plaza, que ganó el proyecto del arquitecto Jürgen Mayer. Así, la sombra del fracasado agujero dio paso directamente al desarrollo del Metropol Parasol, una estructura que transformó radicalmente la percepción del espacio. La historia del foso abandonado es, por tanto, el antecedente necesario para entender por qué se construyó el actual icono.
Irónicamente, lo que durante años fue un símbolo de estancamiento, finalmente sirvió de cimiento para levantar uno de los puntos de referencia más fotografiados de la ciudad.
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