Diseña un objeto que materialice un concepto abstracto
La técnica del objeto como metáfora visual propone ilustrar ideas abstractas diseñando un artefacto cuya forma y función transmitan físicamente esa sensación. En lugar de usar símbolos predecibles, se construye una metáfora tangible. El proceso requiere analizar la esencia del concepto para después traducirla a una mecánica, una estructura o una anatomía. Así, la nostalgia puede convertirse en un mecanismo que reproduce olores del pasado, y la parálisis creativa en una máquina cuyo combustible son ideas no ejecutadas.
Analiza la esencia del concepto abstracto
El primer paso es descomponer el concepto en sensaciones físicas y acciones. Para representar el tiempo, no se piensa en relojes o arenas, sino en qué hace sentir el paso del tiempo: erosionar, acumular capas, desgastar. Se identifican verbos como comprimir, filtrar, congelar o repetir. Esta lista de acciones se convierte en el punto de partida para el diseño funcional del objeto. La forma emerge de la necesidad de ejecutar esa acción de manera visible y comprensible.
Traduce la sensación a una función mecánica
Con los verbos clave, se diseña un objeto que ejecute esa acción. Para la ansiedad, podría ser un dispositivo con engranajes que giran a velocidades incompatibles, generando una tensión palpable. Para la esperanza, una estructura arquitectónica con conductos que capturan y amplifican la luz más tenue. El objeto debe poder explicarse sin palabras: su operación debe narrar la idea. Los materiales, sonidos y posibles fallos en su mecanismo refuerzan la metáfora y añaden capas de significado.
El verdadero desafío no es hacer que el objeto funcione, sino lograr que quien lo observe sienta el concepto sin necesidad de un manual de instrucciones. A veces, el diseño más elocuente es aquel que parece a punto de romperse bajo el peso de la idea que representa.
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