El OVNI del Prado es una arquitectura abandonada en Madrid
Durante la ampliación del Museo del Prado, el arquitecto Rafael Moneo diseña un lucernario para cubrir el claustro de los Jerónimos. Su propuesta emplea ladrillo y vidrio, y adopta una forma orgánica que contrasta con el entorno histórico. La estructura, por su apariencia y materiales, recibe el apodo de el ovni y desata una intensa polémica pública. La controversia crece hasta que las autoridades paralizan la obra, lo que obliga a Moneo a rediseñar el proyecto por completo.
La polémica paraliza la visión original
El debate se centra en si la intervención moderna respeta el patrimonio histórico del museo y el claustro adyacente. Críticos y parte de la opinión pública argumentan que el diseño es demasiado rupturista. La presión social y política es tan fuerte que detiene la construcción. Este hecho fuerza un proceso de revisión que concluye con un nuevo diseño, mucho más sobrio y que hoy se puede ver terminado. La idea inicial de Moneo queda así como un proyecto inacabado, una huella de lo que pudo ser.
Un vestigio de un debate arquitectónico
La historia del ovni del Prado muestra el difícil equilibrio entre innovar y conservar en un contexto patrimonial sensible. El lucernario construido finalmente es funcional y discreto, pero la sombra del diseño original persiste en planos y maquetas. Este episodio dejó una cicatriz en el proceso de ampliación del museo y se recuerda como un caso donde el debate público alteró radicalmente la obra de un arquitecto consagrado.
Quizás el verdadero alienígena no fue la forma del lucernario, sino la idea de que algo nuevo podía aterrizar en un sitio tan clásico sin que sonaran todas las alarmas.
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