Concebida para vertebrar el interior de la provincia, la Autovía del Almanzora se construye por tramos inconexos desde hace más de dos décadas. Este proyecto de alta capacidad pretende mejorar la conexión entre municipios del valle del Almanzora y enlazar con la Autovía del Mediterráneo. Sin embargo, su desarrollo fragmentado genera un trazado discontinuo que no cumple su función principal de forma integral.


Los tramos construidos conviven con vacíos

Varios tramos de la autovía están operativos y permiten circular a alta velocidad, pero entre ellos persisten agujeros sin construir. Estos vacíos obligan a los conductores a abandonar la vía rápida y desviarse por la antigua carretera N-340, un trazado que atraviesa núcleos urbanos y tiene un perfil sinuoso. Esta alternancia constante entre autovía y carretera convencional rompe la fluidez del viaje y anula las ventajas de una vía de alta capacidad.

La planificación y ejecución fragmentada dilata el proyecto

La obra avanza de forma intermitente, dependiendo de las partidas presupuestarias que aprueban las diferentes administraciones implicadas. Este método hace que se liciten y construyan segmentos de manera aislada, sin una continuidad garantizada. La falta de un calendario unificado y de financiación continua perpetúa el estado de autovía fantasma, donde largos tramos modernos terminan abruptamente en rotondas que devuelven al tráfico a la vía antigua.

Para los conductores habituales, recorrer la Autovía del Almanzora se asemeja a jugar a un videojuego donde los niveles se cargan de forma aleatoria, intercalando tramos de autopista del futuro con otros de carretera de mediados del siglo XX.