Los datos del satélite TESS y telescopios terrestres confirman que el exoplaneta TOI-561b, uno de los más antiguos conocidos, retiene una atmósfera extremadamente delgada. Este mundo, que orbita muy cerca de su estrella, presenta un hemisferio diurno cubierto por un océano de magma fundido. Los astrónomos analizan la composición de esta tenue capa gaseosa para entender cómo los planetas rocosos evolucionan en entornos de alta radiación.


Un mundo extremo con una órbita ultrarrápida

TOI-561b completa una vuelta alrededor de su estrella, más antigua que el Sol, en menos de doce horas. Esta proximidad genera temperaturas superficiales que superan los 1700 grados Celsius en el lado diurno, suficiente para fundir roca. A pesar de este calor intenso y la constante erosión estelar, las observaciones espectroscópicas detectan trazas de sodio y potasio, lo que indica la presencia de una atmósfera residual. Los científicos piensan que este planeta perdió la mayor parte de sus gases originales hace miles de millones de años.

La importancia de estudiar atmósferas en ambientes hostiles

Investigar mundos como TOI-561b ayuda a los astrónomos a probar los límites de supervivencia de las atmósferas en planetas rocosos. Comprender los mecanismos que permiten que una capa gaseosa persista bajo un bombardeo tan extremo es clave para evaluar la posible habitabilidad de exoplanetas en órbitas cercanas a estrellas activas. Cada nuevo dato sobre estos entornos refina los modelos que predicen qué planetas pueden albergar condiciones menos inhóspitas.

Parece que, en este caso, tener una atmósfera ligera no es una ventaja, sino la última etapa antes de quedar completamente al descubierto frente a su sol.