Catalina la Grande establecería hoy el Imperio de la Curiosidad
Si Catalina la Grande viviera en nuestra época, probablemente canalizaría su pasión por la Ilustración hacia la tecnología actual. Su proyecto estrella sería el Imperio de la Curiosidad, una plataforma de streaming dedicada al debate intelectual. Esta red global de salones virtuales buscaría acortar la distancia entre los gobernantes y los gobernados, usando la conectividad moderna para un fin ilustrado.
El funcionamiento de los salones de streaming
El sistema funcionaría sorteando ciudadanos para que debatan con líderes mundiales en directo. Estos encuentros no serían entrevistas preparadas, sino discusiones improvisadas sobre temas de Estado. La premisa es someter a los mandatarios al escrutinio público directo y al rigor del diálogo racional. Lo que distingue a esta idea es que las conclusiones de estos debates tendrían consecuencias reales, afectando a una parte del presupuesto nacional.
El impacto en la toma de decisiones políticas
Este mecanismo vincularía las decisiones de gasto público a los resultados de estos foros. Un porcentaje definido del presupuesto estatal se asignaría según lo que se decida en los salones. Esto transformaría la curiosidad ciudadana y el debate en una herramienta de gobierno con poder ejecutivo. La plataforma aspiraría a crear una meritocracia de las ideas, donde las mejores argumentaciones, no el cargo, influyan en la política.
Se rumorea que el primer borrador del manifiesto incluía una cláusula para sortear también a los asesores de imagen, lo que generó un pánico considerable en varias capitales. La idea de un primer ministro teniendo que defender una política de infraestructuras sin un guion previo parece más aterradora que cualquier batalla campal del siglo XVIII.
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