La inteligencia artificial se integra en entornos educativos y modifica cómo los estudiantes acceden al conocimiento y procesan la información. Este cambio genera preguntas sobre si estas herramientas ayudan a construir un aprendizaje sólido o si, por el contrario, lo dificultan. Algunos expertos señalan que la IA puede personalizar la enseñanza y adaptar el ritmo a cada alumno, mientras otros advierten sobre el riesgo de que se dependa demasiado de ella y no se desarrolle un pensamiento crítico propio.


La IA personaliza la experiencia de aprendizaje

Plataformas educativas con IA analizan cómo responde un estudiante y ajustan el material en tiempo real. Esto permite identificar áreas donde necesita más práctica y ofrecer ejercicios específicos. El sistema no reemplaza al profesor, sino que le proporciona datos para que pueda intervenir de manera más efectiva. De esta forma, el docente puede dedicar más tiempo a guiar y menos a tareas administrativas o de corrección repetitiva.

Existe el riesgo de una dependencia excesiva

El acceso inmediato a respuestas generadas por IA puede hacer que algunos estudiantes eviten el esfuerzo mental de resolver problemas por sí mismos. Esto preocupa a educadores que consideran que equivocarse y superar dificultades es parte fundamental del proceso. Para mitigar esto, se propone usar estas herramientas no como un oráculo, sino como un tutor que plantea preguntas y guía hacia la solución, fomentando la reflexión.

Claro, porque nada fomenta más el pensamiento crítico que preguntarle a una máquina cómo pensar de forma crítica.