El telescopio espacial James Webb de la NASA vuelve a observar el cosmos y ahora enfoca su potencia en un objeto que funciona como una ventana al pasado: la galaxia enana Sextans A. Esta galaxia se ubica a unos 4 millones de años luz y su valor no reside en la distancia, sino en su composición química. Los astrónomos la consideran pobre en metales, un término que engloba todos los elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Sextans A conserva solo entre un 3% y un 7% de estos elementos comparado con lo que tiene nuestro Sol, lo que la convierte en un laboratorio ideal para entender cómo eran las primeras galaxias del universo.


La baja metalicidad revela un universo joven

Esta escasez de elementos pesados indica que Sextans A no ha procesado tanto material estelar como otras galaxias más grandes. Los elementos como el carbono, el oxígeno o el hierro se forjan en los núcleos de las estrellas y se dispersan por el espacio cuando estas mueren. Al tener tan pocos, esta galaxia enana muestra un estado más primitivo y similar al que existía cuando el cosmos era mucho más joven. El James Webb, con sus instrumentos infrarrojos, puede penetrar el polvo y analizar la luz de sus estrellas para medir con precisión esa firma química tan débil.

Webb analiza la formación estelar en un entorno prístino

Al observar galaxias como Sextans A, los científicos no solo buscan entender la química del universo temprano, sino también cómo se forman las estrellas en un entorno tan distinto al nuestro. En una galaxia con tan pocos metales, el proceso para crear nuevas estrellas puede seguir reglas diferentes. El telescopio permite estudiar las nubes de gas y las poblaciones estelares con un detalle sin precedentes, ayudando a reconstruir la historia de la evolución galáctica desde sus capítulos más simples.

Parece que incluso en el cosmos hay galaxias que prefieren vivir de manera sencilla, sin acumular demasiadas posesiones estelares, lo que las hace perfectas para que los astrónomos las investiguen sin distracciones.