Los agricultores franceses perciben una presión creciente por los productos que llegan de otros países de la Unión Europea. Estos artículos, que a menudo se producen con costes laborales y normativos más bajos, entran en el mercado francés a precios muy competitivos. Esta situación complica que los productores locales puedan vender sus cosechas y ganado a un precio que les permita cubrir gastos y mantener sus negocios. La competencia es particularmente intensa en sectores como la carne de cerdo, las aves de corral y las frutas y hortalizas.


Las normas de producción marcan una diferencia clave

Una de las causas principales de esta disparidad de precios radica en las diferentes reglas que aplican los países. Francia suele imponer estándares ambientales y de bienestar animal más estrictos que otros estados miembros. Cumplir con estas exigencias incrementa los costes de producción para el agricultor francés. Mientras, productos que se fabrican bajo normativas menos rigurosas, y por tanto más económicas, circulan libremente por el mercado único. Esto genera una sensación de competencia desleal entre quienes sienten que sus esfuerzos por producir con mayor calidad no se ven recompensados en el mercado.

Los agricultores buscan soluciones y reclaman acciones

Ante este escenario, los representantes del sector presionan a las autoridades francesas y europeas. Piden que se revisen los acuerdos comerciales y que se establezcan mecanismos para garantizar que los alimentos importados respeten los mismos estándares que los locales. También demandan más transparencia en el etiquetado, para que el consumidor pueda distinguir claramente el origen y el método de producción. Algunas cooperativas y productores optan por estrategias de diferenciación, enfocándose en sellos de calidad, producción ecológica o venta directa, para captar a un público dispuesto a pagar más por productos percibidos como superiores.

No es fácil competir cuando tu vecino puede alimentar a sus cerdos con menos protocolos y vender el jamón como si nada, mientras tú debes cuadrar las cuentas pensando en el bienestar del animal y la huella de carbono. La paradoja del mercado único a veces sabe amarga.