El balneario del Sardinero permanece bajo tierra
En Santander, bajo los célebres Jardines de Piquío, existe un proyecto de balneario y centro de talasoterapia que nunca llegó a abrir. La idea era construir un gran complejo de bienestar que aprovechara la posición privilegiada frente a la playa del Sardinero. Aunque se adjudicó la obra, los trámites para obtener las licencias y una notable oposición ciudadana acabaron por paralizarla por completo. Hoy solo queda el espacio vacío, una promesa de lujo y salud que la ciudad nunca vio materializarse.
Un proyecto ambicioso frente al mar
El diseño planteaba un centro de talasoterapia de grandes dimensiones, con instalaciones modernas que incluirían piscinas de agua marina, cabinas para tratamientos y zonas de relax. Su ubicación bajo los jardines buscaba integrar la arquitectura en el paisaje sin alterar la vista desde la superficie. El proyecto generó expectación por su potencial para atraer un turismo de alto nivel y diversificar la oferta de la ciudad, más allá de su tradicional imagen de sol y playa.
La oposición ciudadana frena las obras
Pese al interés inicial, el plan pronto topó con la resistencia de colectivos vecinales y ecologistas. Estos grupos argumentaban que la construcción podía dañar la estabilidad de la costa y el ecosistema de la playa, además de privatizar un espacio público muy valorado. Los problemas para conseguir todos los permisos administrativos necesarios, sumados a este rechazo social, crearon un bloqueo insuperable. La empresa concesionaria no pudo o no quiso seguir adelante, y las obras nunca comenzaron.
Así, el mayor balneario de Santander sigue siendo un estacionamiento subterráneo, un destino mucho menos glamuroso para los coches que el que se soñó para las personas.
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