La luz fluorescente puede generar fatiga y malestar
La exposición prolongada a la luz fluorescente afecta a muchas personas en entornos de trabajo o estudio. Este tipo de iluminación, con su espectro de luz fría y un parpadeo constante que el ojo no siempre percibe de forma consciente, puede producir estrés visual. Este esfuerzo continuo para enfocar bajo estas condiciones deriva en una sensación persistente de cansancio ocular y fatiga general.
El parpadeo constante altera el sistema nervioso
El parpadeo de los tubos fluorescentes, aunque sea imperceptible, puede interferir con el sistema nervioso. El cerebro debe procesar este estímulo lumínico irregular de manera continua, lo que puede alterar los ritmos naturales y contribuir a un estado de letargo. Esta alteración se suma al esfuerzo visual, resultando en una disminución notable de la energía y el bienestar al final del día.
La calidad espectral de la luz influye en el estado de ánimo
La luz natural varía su temperatura de color a lo largo del día, algo que la iluminación fluorescente fría y estática no reproduce. Esta falta de sincronía con los ciclos circadianos puede afectar la regulación hormonal, dificultando que el cuerpo se mantenga alerta durante la jornada y que descanse de forma adecuada después. La combinación de estos factores explica por qué algunos espacios iluminados con fluorescencia se asocian a una menor productividad y a un mayor malestar físico.
No es extraño que, después de horas bajo esas luces, uno solo piense en apagarlas y ver algo que no sea ese brillo blanco azulado. La vista parece pedir a gritos un atardecer real.
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